La Orfandad

martes, 27 de septiembre de 2016

La Orfandad


Ya lo veamos venir, había estado menguándole la salud, pero no el ánimo, bueno, a veces un poco, hoy nos queda solo en la memoria pedacitos de su vida convertidos en palabras que logró hilar deliciosamente, como esa cobija de la abuela que se ha venido deshilachado, pero que en el compendio de deberes familiares mi madre, mis hijos y yo sabemos que no debemos de tirar. Objetos que se desvanecen en el aire, solo el tiempo y el recuerdo tienen la facultad de arrebatar en esos casos.  La muerte se lo llevó todido, todito él y su cuerpo.
Somos huérfanos, le dije a aquél, bibliofilico de acento extraño que me robó los suspiros y que me compartía a Dehesa durante la primer parte de la mañana, leerlo y compartirlo, para eso era Dehesa, en el silencio detrás de la línea esa noche entendí que la orfandad, aunque sea compartida duele, emputece, sigue doliendo.